MIS DEMONIOS DENTRO DEL LABERINTO

Todo estaba listo. Quería hacer la “Travesía Andina” no stop y en solitario, desde La Mucuy hasta Pico Espejo. Puse la fecha, viajé y llegué a la posada Guamanchi en la plaza de las Heroínas (posada muy acogedora que recomiendo a todos los que vayan hacer montaña en Mérida ya que el ambiente es informal, desenfadado, tienen varias cocinas en donde puedes hacer tu comida con otras personas de cualquier parte del mundo, yo allí me siento como en mi casa. Alquilan equipo de montaña.)
Una vez instalado en Mérida lo primero que hice fué dirigirme a las instalaciones del Teleférico para tramitar el permiso para entrar en la montaña en IMPARQUES y así quedar registrado en caso de cualquier emergencia. Allí, muy amablemente me dijeron que ”eso no iba a poder ser”, porque la ley de IMPARQUES para la Sierra Nevada establece que las actividades deben ser hechas por un mínimo de dos personas, es decir, en solitario nada. Les pregunté que cual sería la consecuencia si lo hago sin permiso y me dijeron que al bajar por el Teleférico me iban a esperar para abrirme un procedimiento administrativo. Entonces decidí tramitar el permiso para dos personas: Ketty y Yo, sabiendo que Ketty no iba a subir debido a su lesión reciente (hace 6 meses se fracturó la tibia y el peroné) pero con una excusa, si me agarraban podía decir que ella decidió devolverse y que yo, de terco, seguí, a lo mejor funcionaba.
Era viernes, la travesía la iba a hacer el sábado y decidimos subir en teleférico al Pico Espejo para inspeccionar el estado de la “cloaca”. Este es el punto final para acceder al Pico viniendo de Timoncito. Si está nevado no es recomendable escalarlo sin cuerdas. En días previos el clima había estado muy deteriorado pero la montaña nos estaba recibiendo con un sol radiante, un poco de neblina y algo de nieve pero todo seco y listo para ser escalado.
Tuve el placer de conocer a “Toro”, un guardaparques baquiano, que ha hecho el Bolívar cientos de veces y cuyo trabajo es recorrer la Sierra Nevada. Juntos (y como lo puedes ver en el videíto) analizamos la subida de la “cloaca” y concluimos que estaba facil.

Al día siguiente me desperté a la 1:30 am, me despedí de Ketty y bajé a la calle. Hacía frio y el taxi llegó puntual a las 2 am. Nos fuimos y en la vía a Tabay había un poquito de cola. En Merida se rumbea mucho y los dos cadáveres que los bomberos lograron sacar con abrelatas de un carro (del que lo único que se le reconocía era el color ojo Ferrari veloz) venían de una rumba e iban para otra. Pensé: esto me va a retrasar. La idea era salir lo más temprano posible porque el último vagón de teleférico baja a la 1:00 pm y si lo pierdo tengo que salir de la montaña a pie (lo cual no está en los planes) o esperar al día siguiente. Al final llegué a La Mucuy Alta a las 2:28 y le pedí al taxista que me dejara unos 100 metros antes del puesto de guardaparques para que los vigilantes no se despertaran con el ruido del motor del carro. No quería que me vieran solo. Antes de dejarme me regaló dos pastillas para el dolor de cabeza: en el taxi había descubierto que la medicina que compré se me había quedado en la posada (estas son para minimizar el dolor si se presenta por la disminución de oxigeno en el aire a medida que se gana altura). También descubrí que dejé los guantes, esto no me gustó: a más de 4.000 msnm la hipotermia puede hacer que se pierda el ritmo y destruir los estimados de tiempo. Aún así tenía cierta holgura de tiempo, contaba con 10 horas y media para llegar antes que bajara el último funicular. Puse el Garmin (GPS) en marcha y tenía por delante 23,5 kilómetros de recorrido todos en positivo (ascenso) los cuales calculé asi: asumiendo que son 24 kilómetros y que estimo recorrerlos en 8 horas, debo hacer cada hora 3 kilómetros (3x8=24), o sea, cada kilómetro en 20 minutos (20x3=60min). Haciendo estos cálculos di mis primeros pasos en la entrada de la ruta, lo único que veía era el círculo de luz en el piso. al tercer paso tropecé con una raíz me caí y me cagué de la risa como un estúpido a las 2:30 am boca abajo con una linternita en la frente. Me dije: vamos, serio¡¡ y seguí caminando. Iba ajustando y midiendo mi paso de manera de conseguir un ritmo apropiado para los 24 kilómetros.
Ya metido en la espesura de la selva hacia la Laguna De Coromoto me empezaron a venir pensamientos involuntarios de todo tipo, positivos y negativos, optimistas y pesimistas. Los pesimistas venían solos y sin esfuerzo, los optimistas tenía que arrastrarlos montaña arriba, costaba mucho esfuerzo mantenerlos enfrente porque algún pesimista siempre se atravesaba y lo desplazaba.
Cuando consulté el reloj por primera vez llevada 3 kilómetros en 45 minutos. Eso estaba bien, pensé, llevaba una ganancia de 15 minutos. Estaba rodando a 15 minutos por kilómetro y me sentía muy cómodo, como para seguir así todos los 24K. Luego pensé negativamente: "no importa el ritmo, total no hay expediciones en la montaña y no tienes permiso para estar aquí. Todavía te quedan 2 horas y media de oscuridad, si te pasa algo en las piedras redondas antes de La Verde o en el paso a expuesto en La Verde o en la Chomajoma vas a exponer a Ketty a una día muy malo en su vida. Ella va a tener que organizar un rescate." En Caracas, al mediodía, ese pensamiento es estúpido, en la selva hacia la Coromoto, a las 3:15 am, mojado, con frio es un pensamiento que ladilla burda. Sin embargo seguí. De ahí para adelante solo hubo pensamientos de este tipo. Quería imaginarme llegando a Pico Espejo triunfante en 6 horas pero aunque lo visualicé no tenia motivación para seguirlo.
La siguiente vez que vi el reloj estaba en Pozo del Duende, unas rectas pedregosas que preceden a La Laguna de Coromoto. Llevaba 6K exactamente y el tiempo era de 1:30. Faltaban como 15 o 20 minutos para llegar a la laguna. Me di cuenta que llevaba 30 minutos de ventaja sobre el tiempo estimado de 8 horas. Mi ritmo estaba proyectando 6 horas. Luego, sin darme cuenta empecé a bajar¡¡. Se había acabado todo. No había motivación. Aún después de haber hecho un viaje a Mérida para ese fin. Lo único que quería era llegar a la ciudad, dormir y luego hacer turismo como cualquier maracucho (7 viajes a Mérida exclusivamente para hacer montaña). Eso si, me quedó la arrechera cuando me levanté de la cama a las 11 am e imaginé que a esa hora estaría ya en el Pico. Siento que la montaña me expulsó, no estaba psicológicamente cómodo. Si hubiese tenido un Ipod, quizás ruedo como autómata y llego, quizás...
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